Ni de aquí, ni de allí, ni de ninguna parte…

Cada vez le costaba más aceptar algunas cosas. Se volvió algo radical. A la televisión. Al postureo. Al discurso político de siempre. Al nuevo concepto de inteligencia y la guerra de cerebritos con lecciones aprendidas de memorieta en aulas carentes de empatía, educación emocional y supervivencia en sus contenidos didácticos.
A las ansias de competitividad por engordar la carpeta de títulos “inútiles” en manos de gente con muchos apuntes y poco experiencia…