Ha llovido en el desierto | El agua que nos quita y nos dá

Lluvias en Marruecos

Risanni al atardecer 25/11/14

Llueve en Marruecos.
Llueve con furia. Hace días que el agua cae sin parar y sin piedad, desbordando ríos, y arrasando con todo lo que ha encontrado a su paso.

Las crecidas han destruido carreteras, arroyado coches y matado personas.
Esta vez no se libra ni el rico ni el pobre, aunque los más desfavorecidos son los peor parados.
Marruecos llora las perdidas, pero inevitablemente, las lluvias que suponen estos días la tristeza de muchas personas, también son la alegría de otras miles de familias nómadas que salpican las zonas más áridas del país y que hasta hace unos días no lamentaban más que la sequía que azotaba sin miramiento, dejándolos con sed y cada vez menos cabezas de ganado.
IMG-20141128-WA0073Los que lo vimos y lo vivimos, lo decimos siempre: Marruecos es un país de contrastes. Y de veras lo es en todos los aspectos. La lluvia no iba a ser menos.
Bien sabemos los que habitamos el desierto, que el agua escasea en estas zonas. Los nómadas han de caminar kilómetros hasta el pozo más cercano, para cargar sus burros (o sus propias espaldas) de garrafas de agua para beber, cocinar y para su higiene personal. Todavía son muchos los pueblos que no disponen de agua corriente en sus casas y comparten una pequeña fuente donde la recogen. Otros tantos, los que si las ven caer desde el grifo de su cuarto de baño, la cuidan y administran a sabiendas de su escasez.

Los meses de sequía se iban sumando desde hace años y la ridícula lluvia caída no daba para alimentar a tantos animales. En el desierto ya no se bebe tanto agó (leche cuajada) ni leche de cabra, y el queso es un bien preciado que en la zona se compra, de mala calidad, casi a precio de oro.
Las vacas escuálidas apenas dan carne y a las cabras casi no les llega para amamantar a sus crías.
Mala vida para el ganado es mala vida para sus pastores y todo el que come de él…

Pasamos un verano duro, los meses de julio y agosto son siempre calurosos, pero el cúmulo de sequía azotaba también en el resto de estaciones. La aridez del desierto no es solo el calor o frio extremos (reducido a 2-4 meses anuales, teniendo casi una eterna primavera-otoño), La dureza del desierto la marca principalmente la falta de agua.

De repente, hace una semana, el cielo se encapotó, y durante días apenas vimos el sol. Llovía sin cesar. A veces suave, a veces más fuerte.
Las casas de adobe peor construidas, indefensas a las lluvias torrenciales, iban filtrando el agua y desprendiendo capas de barro.
Algunos cobertizos destinados a los animales se iban desplomando, y muchas familias temían que los hechos de las últimas desmesuradas lluvias, en 2006, volvieran a repetirse, dejándolos sin casas y cobrándose algunas vidas.
Los hombres y mujeres sabios –los más ancianos del pueblo- ya lo dijeron: “No construyáis vuestras casas u hoteles en las ramblas, ni si quiera en el desierto.

Pero después de toda tempestad llega la calma.
El sol se va asomando tímido hoy entre las nubes sobre el Erg Chebbi, y al gris y desolador paisaje le siguen imágenes esperanzadoras de lo que serán prósperos meses de comida abundante para el ganado, pantanos a rebosar de agua y pozos bien nutridos.
De momento la mala racha se acabó. Todo el agua que recibió el desierto, serán buenos pastos para varios meses y nuevas cosechas.
Amanece calmado el día, y las familias comienzan a reparar los desperfectos sufridos.
Al país, que ya antes de dichas lluvias había emprendido numerosos proyectos de mejora de las infraestructuras, -especialmente ríos y puentes al ras del asfalto-, le costará recuperar las perdidas, y –esperemos- la experiencia servirá al menos para reforzar las precauciones y medios para futuras ocasiones.
Mientras, muchas familias agradecerán la gracia de Allah, sobre sus tierras, olvidarán poco a poco lo malo ocurrido, y celebrarán lo bueno por venir.

 

A las trágicas imagenes publicadas en los ultimos días se suceden estas otras… Un desierto en calma, anegado de agua.
Desierto y agua en el mismo escenario

Lago Yasmina: Erg Chebbi

Lago Yasmina: Erg Chebbi

Lluvias en Khamlia, Erg Chebbi

Lluvias en Khamlia, Erg Chebbi

LLuvias en "La cabeza de las dunas: Erg Chebbi,"

LLuvias en “La cabeza de las dunas: Erg Chebbi,” Foto de: Jesus Ibañez

LLuvias en "La cabeza de las dunas: Erg Chebbi," Foto de: Jesus Ibañez

LLuvias en “La cabeza de las dunas: Erg Chebbi,” Foto de: Jesus Ibañez

LLuvias en "La cabeza de las dunas: Erg Chebbi," Foto de: Jesus Ibañez

LLuvias en “La cabeza de las dunas: Erg Chebbi,” Foto de: Jesus Ibañez

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11 comentarios en “Ha llovido en el desierto | El agua que nos quita y nos dá

  1. Ate que enfim, a agua inundou toda a terra que, creio, fara despntar vestigios das apetecidas couves, leguminosas, etc.Mas, “al reves”destruiu tantas e tantas habitaçoes construidas a base de blocos de adobe que, claro, se transformaram em adobe.E o dilema e: a chuva beneficiou o que^? A fome ou o abrigo? Isto e, o que sera mais benefico: alimentacao ou uma casa onde viver e se abrigar da chuva, do sol, do frio?
    Jose luis

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    • cierto.. aunque realmente el sistema de construcción de adobe es mucho mas ressitente de lo que parece. Todas las casas del Erg Chebbi sobrevivieron, auqnue las que no tenian un buen mantenimiento sufrieron desperfectos… ahora a reconstruir y a disfrutar de las bonitas vistas que dejó.

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  2. Pingback: Ha llovido en el desierto

  3. Después de la tormenta, la calma nos deja estampas tan preciosas como la imagen que compartes del lago Yasmina. No imagino lo duro que tuvo que ser ese verano que relatas… en cualquier caso, gracias por compartirlo. Me quedo por aquí.

    Saludos

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  4. Después de la tormenta, la calma nos deja estampas tan preciosas como la imagen que compartes del lago Yasmina. No imagino lo duro que tuvo que ser ese verano que relatas… en cualquier caso, gracias por compartirlo. Me quedo por aquí.

    Un saludo!

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