De Nouakchot a la frontera

Para ser la capital de un enorme país, devorado por el desierto, de 1.040.900 km2, Nouakchot me pareció una ciudad muy tranquila.
Si bien el trafico está regido por las leyes del “asfalto” africanas -donde lo haya-, (al menos de los países que hasta ahora conocí) en la que la prioridad es relativa a cada situación y “donde caben 2 carriles, caben 3”, en las vías entre ciudades no encontramos apenas tráfico, y a pesar del deterioro, recorrimos la ruta relativamente rápido.

Los transportes son los más destartalados y viejos que vi en mi vida. Juro que si veis esos coches y camiones parados a un lado del camino, algunos sin puertas ni ventanas, vais a pensar que están abandonados.
Son pura chatarra con ruedas y motor que desafían a cualquier bonito y reluciente Toyota 4×4 que se le pone en su camino.
Por eso, la ley del asfalto la controlan los taxis y estas chatarras andantes, que no tienen mucho que perder ante una colisión.
Los nuevos y lujosos coches, que también los hay y no son pocos, circulan despacio y esperan pacientes su turno.
Trafico en Mauritaniacoches de MauritaniaDicen que no hay nada especial que ver en Nouakchot, y es cierto. Pero contemplar la vida y el movimiento de una ciudad, es una de las cosas que más me ha gustado siempre.
Así pasaron los días en la capital Mauritana, entre té y té en los cafés, paseos por los mercados, y dejándonos cuidar por la familia de Khali,

Pasear por el puerto a la hora del atardecer es toda una experiencia para los sentidos. Tanto por el olor, a veces nauseabundo, del pescado, como por los sonidos y el bullicio de la gente vendiendo sus piezas y negociado precios. Los colores cálidos del sol, poniéndose al horizonte y los cientos de  barcos, decorados de vivos colores, formando una gran fila a lo largo e la playa.
playa-puerto NouakchotPlaya NouakchottPuerto NouakchottLos Mauritanos están tan poco acostumbrados al turismo que casi no saben como abordar al extranjero, y ni te agobian. Esto te permite observar todo con mucho más tranquilidad y objetividad.
La parte “mala” es que no pude hacer tantas fotos como me hubiera gustado, ante la negativa de mucha gente a salir en ellas, y la disconformidad de hacerlas si quiera al entorno, aun no recogiendo ni una sola cara.
Si tu cámara de fotos no es muy discreta, no pararán de reclamarte “La autorización”
DSC_2145

Tamaño XXL
Una cosa que me llamó especialmente la atención, es el tamaño de algunas cosas en Mauritania. Me parecía estar en un mundo XXL.
Las chilabas y la ropa, son inmensas. Las barras de pan eran enormes! La comida, servida a lo grande, mucha cantidad, cuidadosamente presentada en un plato-bandeja gigante.
Los vasos grandes. Salones descomunales y pomposos (decorados al estilo árabe) con cojines más grandes todavía.
Me sentí mas que nunca como una “Alicia en el país de las Maravillas” después de haber sido encogida tras comer un champiñón mágico, con mis pequeñitos pies colgando de aquel enorme sofá, mientras me comía mi barra de pan con mantequilla, de medio metro…
Claro que los mauritanos/as son grandes, muy muy grandes, y será por eso que todo lo hacen a su medida.

comida XXL chilabas MauritanasDe la capital a las aldeas
Para rematar nuestra estancia en Mauritania, viajamos con Khali al sur-oeste el país. Quería visitar al resto de sus hermanos y a su madre antes de volver a Suiza, y a nosotros la ruta nos encajaba perfectamente ya que su pueblo natal estaba a 30 min de Rosso, nuestra puerta de acceso a Senegal.
Sin duda esta parte de la ruta es la que más me ha gustado, ya que tuvimos la posibilidad de tener contacto con la vida rural.

Recorrimos de nuevo la desgastada carretera que atraviesa el país paralela al Océano Atlántico.
De nuevo íbamos dejando atrás preciosos paisajes de dunas y acacias cada vez mas frondosas, que dejaban de ser solitarias para formar pequeños bosques.
Dromedarios que cruzaban la vía y pequeñas y autenticas aldeas de casitas de chapa, adobe o jaimas mauritanas. Mientras, Khali respondía a todas nuestras dudas, y nos hablaba acerca de la vida en el país, los sueldos, la situación laboral, la lucha por abolir la ablación femenina, las relaciones sociales y amorosas… etc.

dromeariosMauritaniaAl llegar al pueblo donde nació, nos mostró orgulloso el árbol donde su madre hizo un alto en su jornada laboral en el campo, para darlo a luz. En la casa ya nos esperaba la familia, con un cordero especialmente sacrificado esa misma tarde, para compartirlo con nosotros.
Pasamos la noche en una especie de cuadrilátero alambrado a modo de corral, con telas que se recogían o dejaban caer como persianas.
Las vi en cada aldea a lo largo de la ruta pensando que las utilizaban para agrupar animales. Pero entonces comprobé que se trataba de los salones-patio de verano, en los que familiares y vecinos se reúnen para cenar, pasar una tranquila velada o dormir fresquitos cuando aprieta el calor.
mauritania surFué agradable volver a despertar temprano con el canto del gallo, como hacemos en el desierto en Marruecos, con los sonidos típicos del despertar en una apacible vida rural.
No tanto para Khali, que tras la noticia de que se encontraba en el pueblo, no paraban de llegar tíos, primos, vecinos… para saludarlo y de paso recibir una simbólica ayuda económica, como se suele esperar de todos aquellos que lograron tener una “mejor” vida fuera de África.
teteras mauritanas Rosso MauritaniaTras unos tranquilos y agradables días en Mauritania, nos despedimos para alcanzar finalmente nuestro objetivo final: Senegal.

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